País que resuena en las palabras del ilustre Léopold Sédar Senghor, Senegal es la “puerta del África negra”. Bañada por un sol resplandeciente, pero con el refresco de las corrientes de las Canarias, esta comarca africana está marcada por un entorno de sabanas y de payas, pobladas desde hombres hasta leones y desde leones hasta búfalos e hipopótamos. No hacen falta más que cinco horas de vuelo desde Europa para disfrutar de sus incontables riquezas. Al llegar a Dakar, la capital del país, se pueden ver de entrada lo diversos servicios de hospedaje para alquilar para las vacaciones. Antes de descubrir la parte oculta del país, es preciso surcar la capital para contemplar los vestigios arquitectónicos de la AOF, el antiguo nombre de Senegal bajo la ocupación francesa, conformados por ejemplo del Palacio Presidencial o de la catedral del Recuerdo Africano... a menos que prefiera la Puerta del Tercer Milenio. Esta última es un monumento contemporáneo senegalés, erigida recientemente. Lo más impresionante, sin duda alguna, es su explanada de 15 000 metros cuadrados, con sus lados bordeados por baobabs y palmeras de dátiles. En la misma ciudad, los amantes de la cultura se regocijarán en el Museo de las Fuerzas Armadas o en el Museo de la Fundación Léopold Sédar Senghor. Más allá de la puerta de Dakar, se levanta una inmensidad tan rica que uno no sabe por dónde comenzar la visita. Lo ideal sería, sin embargo, poner el rumbo a los parques nacionales, como el Parque de Niokolo Koba, con 90 0000 hectáreas. Es una de las reservas forestales y faunísticas más importantes del África Occidental. Se encontrará con guepardos, antílopes, jabalís y babuinos, un destino perfecto que supone un buen resumen de África. En el caso de que su punto de interés sean los pájaros, búsquelos en el Parque Nacional de Djoudj, un hábitat natural temporal para algunos miles de familias de aves migratorias. Y yendo un poco más hacia las afueras del país, en pleno océano Atlántico, descubrimos toda la magia y esplendor de la isla de Gorée. Déjese seducir por el encanto de las pequeñas y floridas casas que encontrará en su bahía de arena y báñese en unas aguas límpidas y tranquilas. Y ya que está en una isla, no escatime en medios para disfrutar de una sesión de buceo submarino o de jet ski o de surf, pasando por le kitesurf. En el interior de la región, puede hacer excursiones en VTT o paracaidismo, a disposición de los incondicionales de los deportes extremos. Los visitantes precavidos ya sabrán que no se puede dejar el país sin haber probado la comida senegalesa. Para ello, es necesario estar en Casamanc, región bautizada como el granero de Senegal. Se preparan platos tradicionales, generalmente acompañados de arroz, como es el ejemplo del ceebu jen o arroz con pescado.