Un país que se abre al mundo pero que sigue estando muy apegado a sus tradiciones, es Madagascar. ¡Los baobabs, los árboles del viajero y los lemúridos, pero ya sabe demasiado! Pero detrás de estos estereotipos se esconde una gran isla de una complejidad desconcertante. El barrio de Andohalo ofrece una vista panorámica de Antananarivo, la capital. Es en el mismo barrio donde encontrará la catedral de la ciudad de los mil. Pasando por Andohalo podrá llegar al Palacio de la Reina o ''Rova''. Antes de llegar a destino, tendrá tiempo para admirar la arquitectura antigua y los ''trano gasy''. Desde su alquiler de vacaciones, estará frente al ayuntamiento de Analakely. Visitando la aldea de Ambohimanga podrá descubrir el palacio donde residía el rey Andrianampoinimerina antes de la construcción del Rova. Vale la pena visitar otros monumentos y sitios emblemáticos en provincia. En la región de Toamasina, el rey Radama construyo el ''Manda'', que significa literalmente fuerte. Está base militar transformada en sitio turístico se ubica muy cerca de Foulpointe, en la costa este. Pero uno de los atractivos de la isla es también su naturaleza. Las sabanas del gran oeste, el bosque virgen de Ankarafantsika, el parque natural de Ranomafana… son solo algunos ejemplos de las numerosas maravillas de la naturaleza. El verdadero espectáculo transcurre del lado de Bemaraha. En está meseta, el turista podrá admirar una especie de estalagmita esculpida con cuidado por la erosión: el ''tsingy''. Hablando del cañón de Isalo, llamado ''Reina de Isalo'', le dará el sentimiento de vivir en medio del lejano oeste. En estos entornos naturales, tanto los extranjeros como los autóctonos se divierten practicando diversas actividades lúdicas y deportivas. Para una buena dosis de adrenalina, nada mejor que escalar el macizo de Andringitra. Una vez en la cima, vuelva a bajar en parapente. Los surfistas podrán montar las olas en Fort-Dauphin o Lavanono. Encontrará también diversos senderos para excursiones…