Siendo el país más grande y más meridional de las tres naciones bálticas, Lituania es al mismo tiempo el territorio que ha vivido la historia más tormentosa. Sin embargo, la violenta expansión del cristianismo y la opresión rusa no pudieron evitar que brillara entre sus homólogos bálticos. Hoy el resultado de esta historia, grabada para siempre en el centro histórico de su capital, es que Lituania se ha convertido en un país de riquezas culturales indiscutibles. El primer lugar que no se debe perder es la ciudad de Vilna, la capital del país. Esta ciudad es un lugar en donde las torres modernas han encontrado refugio. Sin embargo, lo que más llama la atención es su centro histórico. La conservación del barrio de la vieja Vilna es tal que la Unesco ha decidido incluirla en la lista de Patrimonio Mundial. Los impresionantes vestigios del Castillo de Gediminas dominan el paisaje de la ciudad. Sus calles son pintorescas y cambian de estilo a cada esquina, pasando de medievales a barrocas. Las construcciones religiosas no son una excepción, pues tienen un estilo único dependiendo de qué tipo de iglesia o santuario se trate. La más notable es sin duda la Puerta de la Aurora que aún realiza servicios y es un lugar de peregrinación para los católicos. Además de la capital, que justificaría ella sola el viaje, tenemos la ciudad de Palanga que lo invita a relajarse y despejarse. Esta localidad, que es al mismo tiempo estación termal y balnearia, es la primera estación de vacaciones del país. Antigua ciudad de pescadores, Palanga ostenta una playa encantadora bordeada por muchos pinos. Puede incluir las siguientes actividades en su programa: surf, natación, excursiones, caminatas, etc. Incluya también el Museo de Ambre, el Museo de Antanas Moncys y el Jardín Botánico, todos son sitios que no puede dejar sin visitar. Al mismo tiempo, si usted decide alojarse en Palanga debe saber que las casas de alquiler disponibles son muchas. Siendo un país de diversos atractivos turísticos, se debe mencionar que Lituania tiene también una variedad culinaria sorprendente, la mayor parte influenciada por la cocina polonesa. Los platillos más famosos son las costillas de cerdo (kepsnys) asadas o empanizadas, la lengua de vaca o bien las "brochettes à la caucasienne”.