Dubrovnik es una ciudad situada en el extremo sur de la Costa Adriática Croata, a los pies de una montaña que cae al mar, rodeada por una imponente muralla de 2 km que data del siglo XIII y cuyas torres ofrecen una espléndida vista de las Islas Elafiti. Es también la antigua ciudad principal de la República de Ragusa, ciudad-estado que persistió hasta principios del siglo XIX. Pasear por ella será una experiencia inolvidable que le transportará a diversas épocas, ya que sus monumentos mezclan diferentes estilos: el Palacio Sponza y el Palacio del Príncipe son construcciones gótico-renacentistas; la Catedral y la Iglesia de San Blas pertenecen al Barroco. El Convento de Santa Clara, de finales del siglo XIII, fue una de las primeras instituciones del mundo que acogió niños abandonados. El Convento de los Dominicos albergó a los monjes dominicos de Italia; fue construido del siglo XIV al XVI y mezcla los estilos románico, gótico florido, renacimiento y barroco.
Se trata de uno de los lugares del país que más atraen a los turistas, fuente de ingresos que le ha permitido terminar la rehabilitación necesaria como consecuencia de las destrucciones ocasionadas durante la Guerra de Independencia Croata de los años 90. Sin embargo, este episodio trágico de la historia nacional no ha podido desnaturalizar semejante escenario pintoresco, y los techos de la ciudad han retomado poco a poco su tinte anaranjado, con los mares de tejas oscurecidas por el sol que se extienden a lo largo de las avenidas adoquinadas hasta perderse en el horizonte…
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