En el pasado, el corazón de Finlandia a oscilado entre el Oeste y el Este. En tanto el país se ha decantado posteriormente por uno de ellos, Occidente, se ha enriquecido considerablemente, gracias a múltiples aportaciones tanto internas como externas. La imagen que tenemos de Finlandia, es la de aquel pequeño país nórdico, muy respetuoso con el medio ambiente, con unos entornos naturales muy interesantes : lagos, bosques y nieve hasta la línea del horizonte. Tómese su tiempo, ya que los días se pueden hacer « largos » en este país cercano al círculo polar. No hay ninguna duda de que la mayor parte de las atracciones turísticas del país se encuentran en Helsinki. Capital del país, la ciudad tiene, por ejemplo, el museo al aire libre de la isla de Seurasaari. Como otros museos al aire libre de otros países nórdicos, en este se muestran las casas tradicionales de madera así como el estilo de vida de sus habitantes, que se puede reconocer en sus tradiciones y artesanía. A unos pocos kilómetros de allí, se pueden visitar las seis islas de Suomelinna y aprovechar la ocasión para dar una vuelta en barco ; aunque también es imprescindible recorrer la fortaleza marítima. Descubra los túneles y subterráneos, o los cañones de este antiguo dispositivo de defensa del país. Fuera de Helskinki, se ofrecen a los visitantes espacios de una riqueza inconmensurable. Los osos, renos y alces recorren la taiga que cambia de color al ritmo de las estaciones. En los ríos y lagos, una salida de pesca le permitirá atrapar algunos salmones. En Finlandia, el invierno es la estación reina. En esta época se ofrecen actividades particularmente diferentes. Encontramos los inevitables paseos en trineo en Laponia, una actividad que nos recordará inevitablemente a la leyenda de Papá Noel y que con toda seguridad encantará a los niños. Con un reno o algunos perros de tiro, estos paseos supondrán una nueva experiencia para aquellos que no se han subido nunca a un verdadero trineo. Pero el entusiasmo será total cuando se introduzca en una montaña para explorar el desierto blanco del país... por no hablar de la complacencia a bordo del « sampo », un barco rompehielos capaz de romper hasta dos metros de hielo. Después de una jornada tan larga y enriquecedora, el turista se puede relajar en un alojamiento de alquiler para las vacaciones o una sauna, tomarse una ducha bien caliente y regalarse la comida típica del país. En el menú, pescado a la parrilla, marinado o ahumado, reno servido en ragú y sazonado con configura de arándanos o queso de Kainuu...