La comunidad de Navarra es tierra de montañas y, como dice su himno, brava y de alma libre. Destaca en el pirineo navarro la virginal selva de Irati, extenso hayedo, abetal y la majestad del pico Ori. También impresionante el Parque Natural de Bardenas Reales, semidesértico, de una extraña belleza. Ver las fantásticas cuevas, de ritos paganos, como la de Ikaburu. En edificios religiosos el monasterio de Leyre y el gótico de la Colegiata de Roncesvalles, lugar de paso en el camino a Santiago. Famosos los cogollos de Tudela y buenos vinos.
Pamplona es la capital, su clima agradable en general aunque hay muchos días al año de lluvias y heladas, su cielo de abundante nubosidad y los vientos de la zona, el cierzo y el bochorno. Centro neurálgico de la ciudad es la bonita Plaza del Castillo, con el café Iruña y los casinos, de ella surgen las callejuelas del casco viejo. La catedral de Santa María es gótica con fachada neoclásica y hay iglesias interesantes como la de san Cernín, con sus evocadoras vistas nocturnas. Destacar el amplio espacio de la Ciudadela por sus pabellones, fortificaciones y el verdor que la convierte en pulmón del lugar. Mencionar el Museo de Navarra y el planetario, cuya cúpula es la más grande del mundo. Por supuesto hablar de la fiesta de los Sanfermines que tiñe de blanco y rojo el territorio y que salvo la tensión del encierro hasta la plaza de toros es explosión de alegría, juerga y jolgorio. Platos para coger fuerzas el “zikiro jate” (aparte de castellano en Navarra se habla el euskera o vascuence) que es cabrito asado con leña o la piperrada.
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