Gran Canaria es sinónimo de mestizaje, ya que fue un lugar de paso de viajeros. Sus primeros habitantes fueron los aborígenes, de los que se conservan yacimientos de alto valor arqueológico como la
Cueva Pintada de Gáldar y el Cenobio de Valerón.
Aunque la mayor parte de los monumentos de la isla son posteriores a la época de la conquista española, como la Catedral de Las Palmas de Gran Canaria y la Basílica de Nuestra Señora del Pino entre otros, todos ellos conforman un patrimonio artístico, arquitectónico y etnográfico testigo de la evolución cultural que ha vivido la provincia.
Su capital, Las Palmas de Gran Canaria es, junto con
Santa Cruz de Tenerife, capital del Archipiélago Canario.
Las
costas de Gran Canaria atraen desde hace mucho tiempo a visitantes de todo el mundo; y es que las hay para todos los gustos. Si busca playas tranquilas para vacaciones de descanso y evasión, vaya a
San Agustín,
Puerto de Mogán o
Agaete. Si es más tradicional y le gustan los lugares con encanto, no se pierda el enclave turístico de
Puerto Rico.
Si por el contrario, prefiere las playas animadas durante la noche y el día, la suya es
Maspalomas, extensa playa de arena blanca que va desde la
Playa del Inglés hasta el antiguo
faro de Maspalomas, testigo de la conversión del lugar en destino de vacaciones. A pocos metros del paseo, descubra la
Reserva Natural de las Dunas de Maspalomas, espacio natural de excepcional valor constituido por tres ecosistemas: el
Palmeral, la
Charca y un impresionante
campo de Dunas, que se extienden hasta pocos metros del mar y cambian constantemente de forma, modeladas por el viento del océano. La Charca es lugar de descanso para las aves que migran a África.