Mallorca, una de las islas que conforman el Archipiélago Balear, fue sucesivamente colonizada por los fenicios, los griegos, los cartagineses, los romanos, los moros y los españoles cristianos, que fueron dejando a su paso rasgos de sus tradiciones, constituyendo así una nueva cultura muy rica y una importante historia, que convierten a Mallorca en un destino privilegiado para vivir el sincretismo mediterráneo.
En Palma, la ciudad de mayor tamaño de la isla y al mismo tiempo, su capital, el casco antiguo alberga numerosos lugares y monumentos dignos de interés: la Catedral gótica del siglo XII y frente a ella, el Palacio de la Almudaina, construido tras la conquista catalana del siglo XIII sobre las antiguas murallas y haciendo modificaciones a lo que fue el antiguo alcázar musulmán. En los siglos XIII y XIV fue utilizado por los reyes de Mallorca como residencia, y más tarde, por los virreyes y gobernadores. A mediados del siglo XX fue restaurado y en la actualidad aloja un museo y sirve de residencia oficial al Rey de España para las ceremonias de Estado y durante el verano, para las recepciones.
No se pierda tampoco el Museo de Mallorca, alojado en un palacio del siglo XV, que posee una importante colección de antigüedades y retratos; así como el Consulado del Mar (institución jurídico-mercantil de la Edad Media compuesta por un prior y varios cónsules cuya competencia corresponde a la jurisprudencia de los tribunales mercantiles en la actualidad), la Lonja y los baños árabes.
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