Córdoba combina estilos orientales y occidentales, como la mayor parte de las ciudades andaluzas.
Conquistada por los árabes en 711, la ciudad vuelve a manos de los cristianos tras la
Reconquista en 1236, situándose desde entonces entre
dos culturas de un brillo increíble que le han aportado una historia muy rica.
Deambule por las calles de su
casco antiguo, declarado
Patrimonio Mundial de la Unesco en 1984, admire sus bonitas casas de blanca cal y sus plazas floridas. De entre sus monumentos, sobresalen la
Mezquita, el
Puente romano y la
Torre de la Calahorra, fortaleza construida en el siglo XIV. Además de tener una rica cultura, Córdoba destaca por su artesanía: joyas, cuero y figuras se venden en cualquier calle. No puede irse sin probar sus
especialidades culinarias como el
salmorejo, parecido al gazpacho, aunque más espeso e ideal como entrante para cualquier comida de verano.
El mejor momento para visitar Córdoba es el mes de
mayo, ya que se dan
numerosas celebraciones: la fiesta de las
Cruces de mayo, durante la que se colocan
cruces decoradas con flores en los patios y plazas del casco histórico; el
Concurso de los Patios, donde los propietarios se disputan el galardón del “
patio más destacado por su belleza” tras decorarlos con sus mejores galas; la
Cata del Vino Montilla-Moriles, donde podrá degustar los célebres vinos de dicha Denominación de Origen, procedentes de más de veinte bodegas. Por último, pero no menos importante, tiene lugar la
Feria, en la que podrá disfrutar de la cultura andaluza en todo su esplendor bailando al son de las sevillanas, comiendo tapas y bebiendo vino fino. En junio se celebra la
Noche Blanca del Flamenco, que anima las calles, respirándose una auténtica atmósfera de convivialidad.