Un espectáculo de una naturaleza plural y de paisajes montañosos y accidentados se presta a deslumbrar a aquellos que elijan República Checa como destino vacacional. Desde Bohemia, con su meseta rodeada de una cadena montañosa, hasta la llanura de Moravia… las palabras cambio de ambiente, rejuvenecimiento y placer acompañan su viaje en este país fuera de lo común. Sin duda, República Checa es conocida por su literatura, su música y especialmente su historia. Pero esta tierra de excepción dispone también de otras particularidades. Aquí, los museos, los castillos las iglesias y los palacios cohabitan orgullosamente con la espontaneidad de la naturaleza. Todo viaje por República Checa debe comenzar con una visita por la fascinante capital, Praga. Esta puede enorgullecerse de acoger casi todos los estilos arquitectónicos, sin hablar del castillo de Praga, de la Malá Strana, el antiguo gueto judío de Josevof, así como la plaza de Wenceslao. Cuna mítica de Praga, la Nove Mesto, o Nueva Ciudad>>, le ofrece la oportunidad de descubrir la capital en todo su esplendor. Es en estos castillos, que los reyes de Bohemia pasaban, en la antigüedad la mayor parte de su tiempo. Esta pequeña ciudad es también idónea para un alquiler vacacional de buena calidad y a un buen precio. Recorriendo los callejones tortuosos de la Antigua Ciudad, sin duda, encontrará lugares inolvidables, como la iglesia San Nicolas, una construcción barroca de Praga, el reloj astronómico del ayuntamiento, así como el campanario de la iglesia de Nuestra Señora en frente del Tyn. Después, siguiendo hacia el oeste del país para conquistar la Bohemia. Esta región es famosa por sus excelentes museos en sus ciudades medievales tales como Cesky’Krumlov, sus numerosos castillos góticos así como por su cerveza de Pilsner. La “rubia” causa todos los meses de Octubre el famoso festival de la cerveza. Pero no es la única que atracción del lugar. Es también un centro turístico para las familias en busca de una atmósfera tranquila, que no sufre por las alteraciones del ritmo frenético de las grandes ciudades. Lagos, bosques, paisajes bien preservados y aire puro están a la disposición para todas las actividades acuáticas y al aíre libre. En República Checa, el placer de las caminatas al aíre libre se conjuga con los placeres de la gastronomía. Los restaurantes de este país de Europa central le acogen en sus mesas, con una cocina generosa que hace buen uso del cerdo, la col y almidones. Tipicamente checos, los knedliky, la sopa Goulash y el queso frito o empanado tienen lo necesario para degustar sus papilas.